sábado, 9 de agosto de 2008

En días como hoy, te destesto tanto.
Es que te echo tanto de menos.
Si tú estuvieras aquí todo sería más lindo, menos triste y mucho menos difícil.
Pero te fuiste y tuviste el descaro de decirme que me dejabas porque yo era en exceso caliente, cuando la realidad es que eso era una mera excusa (verdadera, mas excusa al fin y al cabo) para correr a los brazos de tu ex.
Me pedías que respetara tu decisión y no lo hice por un buen tiempo. Reconozco que estuve mal, debí haberte dejado ir... es que el corazón nunca se equivoca en estas idioteces y sabía que detrás de esas repentinas ganas de ser libre existía una razón, más profunda y dolorosa, para alejarte de mí.
Ojalá esto ya no me afectara, mal que mal han pasado siete meses. Ojalá no me acordara de ti. Ojalá se me borraran tu cara, tu voz, tus besos. Ojalá les hubiera creído a los sabios que sostienen que nada es para siempre y no a tus promesas de amor eterno.
En días como hoy deseo que ojalá pueda despertar un día y olvidarme que una vez te conocí.

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