Y te desapareciste, querida ex...
No me has dejado más comentarios psicópatas.
Supongo que el asunto es que tengo que olvidarme de ti. Porque, por lo menos en esta vida (y seguramente en otras tampoco), tú no vas a estar conmigo. Y, si existiera una remotísima posibilidad de que volvieras a mi lado, este no es el momento ni el lugar... tendrías que estar soltera, sin amar a nadie y encontrarnos en Montevideo.
Pero si estás enamorada de alguien más...
El punto o los puntos son:
No puedes partir una conversación preguntándome cómo he estado. Necesitaría un día entero para contarte TODO lo que me ha pasado durante este tiempo.
Y no puedes responder ante mi "deseo que regreses porque me has extrañado demasiado y quieres comenzar de nuevo" con un "pero sí te he extrañado demasiado". No puedes hacer eso como si tuviera que ponerme feliz con el 50% de lo que me hace falta. Ya no quiero más premios de consuelo, no quiero las migajas de tu amor.
Yo te amo. Te amo mucho y lo suficiente para desear de todo corazón que seas feliz con la persona que estés. Mas me amo también a mí misma como para evitarme el sufrimiento de asistir a ver la película donde le entregas a otro todo lo que alguna vez fue mío.
Sé que no saco nada arrancándome el corazón para tirarlo en la puerta de tu casa, pues eso sólo me causaría más dolor y a ti te haría pasar un mal rato. Como dice ese mesías de las señoras mayores y pseudo marginales, "yo te debo tanto, tanto amor que ahora, te regalo mi resignación".
Debí haber terminado contigo cuando pude, cuando quise. Cuando estaba enamorada, pero no tanto como llegaría estarlo después. Debí haber terminado cuando ya sospechaba que esto iba a terminar dañándome a mí.
Ya no lo hice, ya no fue, ahora tengo que olvidarte.
¿Has visto la Zona de Combate en MTV? ¿Conoces a los pequeños y emocionales Toke Rosa? ¿Has escuchado su canción "Lo siento"?
Amor, ya no
quiero estar cerca de ti.
Quiero mirarte a los ojos
y sentir que puedo,
que no te necesito
y que ya no me muero
ya no me muero
por ti.
Eso siento yo.
A veces quiero que vuelvas a ser lo que eras antes de conocerte: nada.
Rompiste con tu partida mi corazón, mi cuerpo y mi mente. Me dejaste sola, me quitaste todo lo que conocía. Sí, porque todo lo que tenía, te lo di. Todo lo que amaba, lo compartí contigo. De todo lo que temía, te pedi que me protegieras. No quedó rincón en mi vida donde no estuvieras tú. Hasta destruiste mi cursi e idiota castillo de cristal donde atesoraba nuestro cuento de hadas, haciendo mi dolor infinitamente más tangible. Claro que eso fue error mío. Debí haber dejado algún espacio para mí (y es un error que no cometeré cuando vuelva a emparejarme).
Por otro lado, yo también te extraño.
Y existe un ser que me tiene completamente loca.
Tiene que existir él y más, muchos más. Para poder dejar de pensar en ti. Para poder dejar de añorar tus besos, tus mimos, tu piel, tu voz, tu delicadeza, tu calor, tus saltos encima mío gritándome "¡Puchi!". Para poder parar de desear tenerte acurrucada a mi lado, pequeña y dulce, rodeándome de tu amor tierno y eterno, tu amor que me hace tanta pero tanta falta, cuya ausencia en este momento agita mi pecho con sollozos entrecortados. Te amo tanto, L, tanto, tanto, tanto. Eres maravillosa y preciosa y única y ¿cómo no me va a doler que ya no seas mía?
Descubrí que el rencor no es más que una forma de ocultar esta pena que me derrite. Porque cuando siento rabia contra ti, me dan ganas de romper los discos que me diste y regalar los peluches (los aros jamás, ya que me encantan y los sigo usando). Sin embargo, toda esa furia se detiene cuando miro la cajita que me diste para guardar nuestras cartas. ¿Te acuerdas? Esa donde dibujaste Puchibellas y Gatitas y Bultitos. Esa caja, esa bendita y maldita caja me desarma. Al "reverso" de la tapa dibujaste tu carita. Mi "Pichorojita", con sus lentes y sus cachitos. Dime, ¿te acuerdas? ¿Te acuerdas de todo lo que vivimos? ¿Marcha gay y café gay y chinos gay? ¿María-sama, cerro San Cristóbal, Bravissimo, pizzas, Cinnamon, Benedetti y Uruguay, Bellas Artes y cada endemoniado y tétrico y espantosamente bello segundo de puro amor? Si te acuerdas, entonces no me pidas que no me duela. Y no me digas que no me pides que no me duela.. Es sólo que, ¿cuánto tiempo tiene que pasar para olvidar a la mujer de tu vida? No sé. Parece que es verdad que siempre voy a acordarme de que hubo alguien que solía llamarme Puchiguso.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario