Estuve como veinte minutos parada afuera del metro para poder decirte aunque fuera un 'chao', pero no sé si llegaste antes o después o te fuiste por otro lado; la cosa es que no te vi.
Me dolió tanto que dijeras que no estoy segura de lo que quiero porque sí lo estoy. No tienes idea de lo que siento, debido a mi nula elocuencia de esta tarde y a que, simplemente, no estás dentro de mí. Tú no sentiste mi intentodecorazón latiendo nervioso y expectante mientras te esperaba. Este era EL día, cuya llegada aguardé ansiosamente durante los últimos dos meses; dos meses en los que maduré unas ideas que, se suponía, iba a contarte en nuestro encuentro.
No pude.
Me diste la oportunidad de hablar y no conseguí emitir palabra. Me dio miedo y vergüenza abrirme, por esa ansiedad que me invadía que contrastaba totalmente con tu calma que parecía decir "lo que sea que me quieras contar, no va a tener mucha incidencia en mi vida".
Después te aburriste. Y no fui capaz de hablarle a tu cara de desinterés, a esa expresión de "termina pronto que me tengo que ir" y a tu posterior interrupción cuando pensaste que iba a comenzar a echarte la culpa (lo que menos iba a hacer ¬¬). Eso terminó de desarmarme, no tu inseguridad.
Resultado: salieron puras incoherencias, entre ellas algunas de las cosas que quería decirte, pero totalmente fuera de contexto así que no pudiste entenderlas.
Juntarnos no fue una mala ocurrencia, pero como experiencia fue un cuasi fracaso.
¿Por qué?
Porque te tenía frente a mí y no logré que salieras de tu caparazón y te acercaras.
Porque me tenías frente a ti y lo único que viste fue un par de lágrimas que acompañaron el sonido hueco de las pocas palabras inconexas que conseguí articular.
A veces siento que te dejas llevar por una cierta tendencia a satanizar mis actos. Yo no soy la yegua que pretende quedarse contigo a toda costa sin importarle tu felicidad. Y me atrevo a afirmar esto -insisto- pues, cuando supe que estabas pololeando no te busqué, no te molesté, no hubo más "vuelve conmigo, todavía te quiero y blablabla" [de hecho, hacía tiempo que me había alejado], te deseé que fueras feliz y me propuse continuar con mi vida. Y si estoy aquí, ahora, tratando de abrirte mi intentodecorazón (aunque sin mucho éxito) es porque regresaste, así que volí a confiar en que puede resultar y tú, al buscarme y al responderme que existía una posibilidad de intentarlo otra vez, me diste el impulso que necesitaba para decidirme a pelear.
¿Que ahora piensas que no quieres intentarlo?
¿Entonces para qué te estoy escribiendo esto?
Lo escribo debido a que creo (creo, es una suposición) que tus ganas de intentarlo no han muerto completamente y que ese cambio del 23 de enero a hoy es producto de la pesadumbre que carga tu corazón, que te hace temer y te quita las fuerzas para continuar luchando.
¿Qué cómo me atrevo a creerlo?
Me atrevo porque tus manos me convencen más que tus palabras.
Me invade una angustia que aparece cada vez que te siento cerca, mas no te puedo alcanzar.
Déjame gritarte:
ESTOY AQUÍ!!!
SIGO SIENDO EL PUCHIGUSO, TU PUCHIGUSO!!!
Déjame hacerte cariño, ser Puchiamoroso para que te desprendas de la coraza que sé que te está cubriendo.
Ay, mientras más escribo parece que menos sentido tiene.
Observo tu foto, quiero abrazarte para derretir con mi calor tu armadura de hielo. Cuando escribo suelo expresarme bien (no como ahora xD) pero al hablar soy generalmente un desastre... me confundo y me turbo más todavía si estás frente a mí. Porque te miro y me muero por llenar de besos tus mejillas rosaditas, me muero por estrujarte entre mis brazos, me muero por pedirte que no te eches a volar de nuevo, paloma, si volviste a mi nido, quédate, déjame estrecharte diez segundos antes de rechazar el sentimiento que nos une...
Bicho, la vida es corta y fea la mayoría del tiempo (alguien lo mencionó en Grey's Anatomy y me pareció muy cierto) por lo que me rehuso a no pelear si este amor aún está aquí. Si no te quedas conmigo (oh sí, quizá algún día conozcas mi significado de "quedarse") no me moriré, seguiré mi camino y que seamos felices ambas, pero mientras quede una esperanza no me rendiré y pelearé hasta el final por ti dado que tú, niña que me robó, me roba y me seguirá robando el alma, tú, que sigues siendo la dueña de mi corazón, la sonrisa que alegra mis tristezas y el resplandor que ilumina mi ruta eres sencillamente MA-RA-VI-LLO-SA.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
OOOOOO......
Esta narracion me parece del terror, e estado asi mas de alguna vez... es lo peor sentir que el otro te mire con cara de
.... k kerias decirme?.....
hazlo pronto k me tengo k ir....
Y uno con el corazon en la boka, peleando por no ponerse a llorar como ua nena.........
NOOOOOOOOOO!!!!!
no creo poder volver a soportarlo...
Publicar un comentario