jueves, 11 de junio de 2009

De nuevo esta rabia que me persigue desde que era niña.
De nuevo esta sensación de algo oprimiéndome horriblemente el pecho.
De nuevo esta furia, estas ganas de gritar, de tirar muchos vasos contra la pared y cortarme las manos con los cristales rotos.
¿Por qué todo tiene que costarme tanto?
¿Por qué, si me esfuerzo tanto por conseguirlo, si pongo todo mi empeño y mi entusiasmo, por qué me vuelve a salir mal?
Quiero llorar, llorar de impotencia porque no es justo. NO ES JUSTO.
Y todo está feo donde sea que vaya. Antes yo amaba estar en mi casa con mi mamá, con mis cosas... Ahora no quiero. Me quedo lo más que puedo en la Universidad para no llegar, para no tener que encontrarme con más malas noticias, con más dificultades.
Es que ya no quiero pelear más. No quiero seguir luchando porque soy floja, floja y cobarde y simplemente me da lata estar viva.
Y me siento muy sola. Porque no tengo a nadie a quien recurrir cuando estoy así.
Porque no hallo en ninguna parte algo de ternura, dulzura, abrigo.
Quizás sí tiene un rebuscado sentido el que ella ya no esté conmigo: así me veo obligada a aprender a valérmelas por mí misma, pues ya no puedo correr a buscar refugio a nuestro invernadero.

No hay comentarios: