“Porque los amores contrariados se acaban consumiendo en un estanque de lágrimas dulces, una tibia borrachera de melancolía que se agota en un rosario de resacas sucesivas, como el efecto de un suero desintoxicante que convierte poco a poco el dolor en ironía para arrojar al final una sustancia limpia, armoniosa, ajena por igual al rencor y a la vergüenza, el verdadero amor siempre salva a sus hijos…”
Almudena Grandes.
De vuelta a lo normal.
Soñé con mi ex en una ocasión durante la última semana. Y sólo entonces pude comprender, después de todo el tiempo que ha pasado, que la sarta de despedidas que le he escrito repetidas veces en estos dos años son inútiles: aquí nunca habrá una despedida definitiva, pues esta es una de esas historias (como buen primer amor, más encima condimentado con toda la 'pimienta' de una relación “prohibida”) capaces de marcar una vida para siempre.
Porque yo la amaba como nunca nadie la amará. La amarán de nuevo, eso es seguro. Vendrán otros y volverá a ser amada, pero ninguno de ellos la amará como la amé yo.
Así que tengo que asumir –parece increíble que me haya costado tanto darme cuenta- que ese olvido completo que busco es imposible de lograr, que el dolor que cargo en mi corazón seguiré llevándolo encima por más y más meses y lo haré sin miedo y sin pesar, puesto que ahora sé que se puede vivir con él. Sí, ahora puedo dado que ese dolor, aunque persiste, se ha ido haciendo cada vez más pequeño desde el día en que me dejó hasta hoy; y eso me entrega la esperanza de que llegue el momento en que se torne tan diminuto que acabe por desaparecer y ya no exista más.
Por lo tanto, que me haya dado por acordarme de ella (o que me dé por recordarla, muy de vez en cuando, en el futuro) no es tan terrible.
En eso estoy... de vuelta a lo normal.
Era el cumpleaños de una amiga y me invadía una extraña melancolía. No podía sacar de mi cabeza a ese personaje que entró en mi vida en agosto pasado, mi actual interés amoroso, y empecé a desear que llegara pronto marzo para volverle a ver.
Si bien no me gusta el alcohol, bastó beber un vaso de cerveza y ponerme a bailar canciones de letras "cochinas" y música pegote (alias "reggaeton"), con el más sexualmente hiperactivo de mis compañeros de universidad para que acabara riéndome por montones.
De pronto, ya no me sentía mal.
Más tarde me sentí todavía mejor. Estaba ocupando el baño para mirarme al espejo y entró una chica que siempre ha puesto a funcionar mi gaydar. Después de preguntarme si me molestaba -a lo que claramente respondí que no- no tuvo empacho en desvestirse allí mismo. Comenzó a bajarse los pantalones, mientras yo continuaba examinando mis ojos rojos. Estuve a punto de mirarle el trasero por el espejo, pero me contuve. ¿Y si en verdad era homofóbica y salía gritando airadamente sobre mi fletitud, arruinando por lo tanto mi noche de farra? En fin, si es tortilla realmente, no faltará otra oportunidad.
Eso es lo bueno de las vacaciones. Situaciones raras, soluciones rápidas a los malos pensamientos xD.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
entiendo tu dolor, pero no estoy de acuerdo contigo. El olvido total es imposible, pero hay otro igual de efectivo que es recordar las cosas solo de vez en cuando, de año en año en año, como recuerdas tu primer dia de colegio.
Un abrazo
Publicar un comentario