Así con la gente predecible.
Así con la gente que cree que yo exagero cuando hablo. Si digo que soy muy celosa, es por que lo soy. Soy celosa. Muy, muy celosa.
Así conmigo, que ya no me siento tan mal. Viví una pseudo crisis de estrés y ahora regresé a mi natural estado de nada me importa y no me molesten, quiero ser una niña triste que vive en la indiferencia y se preocupa sólo por su propio sufrimiento y por el bienestar de las personas más estrictamente cercanas.
Bueno, él aún me duele. Pero menos, mucho mucho menos. A veces creo que ya no lo quiero, que nunca lo quise. Tengo en ocasiones la certeza de que él no es para mí, aunque claro, prefiero pensar que no es para mí TODAVÍA, que alguna vez lo será. Ese ridículo pensamiento es como una bofetada que me hace darme cuenta que en verdad aun siento algo por él porque si no, ¿para qué querer que haya una esperanza? Ojalá se me pase, se me borren todas las ilusiones y se me borre también este temor de no volver a verlo... Es gracioso cómo la vida se burla de ti en tu cara. Cada vez que me han roto el corazón, yo he deseado, rogado, implorado con todas mis fuerzas por la ocurrencia de un milagro que hiciera desaparecer a esa persona de mi universo (llámese que se cambie de colegio/universidad, pasando por que se vaya del país, hasta su caída en estado vegetativo y/o muerte si fuese necesario), de modo que pudiera tener éxito en el difícil proceso de olvidarme de ella. Sin embargo, nunca fui bendecida con esa "desaparición". Tuve que seguir viéndoles la cara a esos seres -o al menos tuve que seguir enterándome de sus existencias de alguna forma ¬¬- lo que convertía mi tristeza en una tortura. Así había sucedido. Hasta ahora. Pasa que yo no quiero que él desaparezca. Prefiero sufrir antes que deje de estar presente en mi vida, por más que dicha presencia sea tan mínima como lo es hoy. Sin embargo, justo en este momento (justo con él =/ ) el destino me lanza la tabla salvadora por la que tanto le hinché antes. Parece decirme "Ok, sé que anhelabas mucho esta solución, lamentablemente no podía ser en ese entonces, pero sí puede ser ahora y como tanto lo querías aquí tienes juju!"... La "tabla" se lo llevaría de mis días de una manera simple y eficaz; no implicaría su muerte ni un viaje al extranjero. Sería tan sencillo como que él ya no estará donde suelo verlo y, cuando vuelva a ese lugar, yo estaré tan ocupada que no tendré tiempo ni vida para visitarlo. Fácil... Y cruel. Porque realmente no quiero alejarme de esa forma. Quiero seguir viéndolo y despecharme y odiarlo si eso es lo que siento, hasta sacarlo de mi corazón y poder mirarlo a los ojos con firmeza mientras pienso "sí, te quise, pero ya no lo hago más". De ahora en adelante tendré más cuidado con lo que deseo. Tercer ¬¬.
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