"Si él tuviera interés, se acercaría... más claro echarle agua" me dijeron.
Pero no se acerca.
Por lo tanto, no me quiere.
Así de claro, así de categórico.
Él no me quiere.
Y yo siento que se me rompe el corazón de pensar en ello. Me duele tanto que me niego a empezar el proceso de asumirlo.
Qué ganas que no existieran los conceptos de dignidad y amor propio, para poder tirarme a sus pies y rogarle 'quiéreme, quiéreme, quiéreme'.
"Pensar por qué no fue, no tiene sentido".
No, no lo tiene, lo sé. Yo también lo entiendo, también he sido una persona racional. Mas, no dejo de buscar ese por qué, ya que la racionalidad se me va al mismo tiempo que me abandono y dejo mi corazón a disposición de los caprichos de alguien más.
Supongo que sólo hay pocas cosas que me quedan por hacer. O más bien, hay algunas cosas que debo dejar de hacer.
Debo dejar de preguntarme qué fue lo que no funcionó.
Debo dejar de fantasear con que él siente lo mismo que yo pero lo oculta.
Debo dejar de tener esperanzas en que esto resultará.
Escrito se lee como fácil. De hecho, me pasa que una vez que me desahogo aquí, es como si todo doliera menos, como si lo que he escrito fueran puras exageraciones. ¡Genial!
Lo malo, es que yo lo veo, y me desarmo; es que él me habla, y me derrito; es que yo recuerdo (sus ojos, su risa, su voz perdida en retazos de discusiones, canciones e incluso unas muy bien pronunciadas palabras en francés)... y me ilusiono.
"...mas claro echarle agua."
Por favor, que se me caiga pronto la venda que llegó a cubrirme los ojos con su primer abrazo, para poder ver así de claro también.
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